40 años después de Locomotoro, seguimos quedando igual de boquiabiertos
Comprobado: “Nada x aquí” (noche de los sábados en Cuatro) es el mejor programa veraniego de la historia. No tiene nada que ver con aquellos programas estivales de los 90 en donde se amontonaban tal cantidad de tópicos veraniegos que uno acababa deseando una nueva glaciación o al menos una Pequeña Edad del Hielo como la que, según la dendroclimatología, mató de frío a Descartes en Suecia e hizo posible que Antonio Stradivarius dispusiera de la mejor madera para hacer violines.
“Nada x aquí” es, como su nombre indica, una invitación refrescante a nadar por aquí (qué iba a ser si no). Pero sustituyen los lugares comunes estivales por un montón de imaginación. No hay piscinas, vaquillas, playas, palmeras, chicas en bikini y alcaldes de Marbella con guayabera promocionando urbanizaciones con piscina y palmeras en primera línea de playa. El sábado pasado, por ejemplo, quien quiso pudo tomarse una piña colada viendo cómo en “Nada x aquí” sacaban de un trozo de una hoja de papel un huevo con su yema y su clara, cómo sorprendían a los transeúntes inclinándose hasta casi tocar el suelo con la nariz igual que hacía Locomotoro, cómo los cigarrillos encendidos aparecían y desaparecían de la mano porque sí, cómo los naipes pueden ser además de cartas, cartas de amor, o cómo hay que ser prudente al meterse en el agua excepto cuando te encierran boca abajo amarrado con una camisa de fuerza en un tanque repleto de agua, que al parecer entonces salir es sencillísimo.
Pensarán que es imposible hacer un programa veraniego con estos ingredientes, lo sé, pero en “Nada x aquí” lo consiguen. “No puede ser, no puede ser” repite uno cuando se pone a verlo. Pero sí, puede ser. Será que mantener la boca abierta es refrescante. O tal vez que el programa tiene truco. O simplemente que la magia existe. El caso es que pienso hacer caso a Jorge Blass y compañía. Voy a pasarme el verano nadando donde ellos digan.
miércoles 23 de julio de 2008
NADARÉ POR AQUÍ
martes 22 de julio de 2008
¿QUE NADE POR DÓNDE?
Todos los veranos el mismo temor a que resurjan aquellos programas horteras de principios de los 90. Quienes lo vivimos nunca lo olvidaremos. La llegada de las privadas nos trajo entonces programas como “Tutti Fruti” en el que las Mamachichos explicaban con letra, música y coreografía el concepto de “vergüenza ajena”. Y las Cacao Maravillao, unas mulatas que vendían un producto inexistente; algo así como Nicolás Bourbakí, aquel matemático que nunca existió, pero en versión tanga y sin formar un grupo abeliano. Y el “Ay, qué calor”, en el que las chicas-fruta se despelotaban para dar paso a la publicidad, una conducta a todas luces lógica y sensata que no se sabe por qué se perdió. En ese ambiente que consiguió que una de las primeras cadenas privadas fuera conocida como “Tetacinco” (no les diré cuál para no desprestigiarla), nació un modelo de programa veraniego que incluía chicas en bikini, piscinas, chicas en bikini, coreografías, chicas en bikini, playas, chicas en bikini, palmeras y chicas en bikini rodeadas de chicas en bikini.
El rey de los programas veraniegos de los 90 fue “Las noches de tal y tal” con Jesús Gil “Superestar”. Se rodeaba de la jet set marbellí y promocionaba su chiringuito playero desde una piscina ayudado por las Chicas Chin Chin, unas artistas conceptuales que realizaban una performance en la que cantaban “Chin chin, chin chin, ay cúbreme de besos”. Desde entonces cada verano cruzamos los dedos por si resucita el monstruo. Así que cuando Cuatro anuncia para las veraniegas noches de los sábados “Nada x aquí” nos ponemos a temblar: ¿“Nada por aquí”? ¿Qué pretenden invitándonos a que nademos por aquí?, ¿dónde está eso?, ¿qué destino turístico masificado quieren promocionar invitándonos a nadar por allí?, ¿habrá piscinas y playas en las que nadar entre palmeras y chicas en bikini?
Mañana se lo cuento, que ahora (hoy para mí, ayer para ustedes) me voy a merendar al Carmín.
lunes 21 de julio de 2008
LAGARTOS TERRIBLES
El dinosaurio serrano en su último aliento antes de morir, despertar, soñar tal vez
Media España pendiente cinco años del clan Serrano, de las aventuras en las que se vio envuelto y de cómo se desenvolvió, y al final resulta que todo fue un sueño de Diego Resines. ¿Quiere decir este final que realmente “Los Serrano” fue sólo un sueño y no una pesadilla como nos parecía hasta entonces?, ¿que hay que resucitar a Sigmund Freud a ver si es capaz de plantarle cara a cinco años de simbolismo onírico cañí?, ¿que no sólo Ana Obregón fue en sus delirios la guionista de “Ana y los 7” sino que además Resines es en sus sueños el guionista de “Los Serrano”?, ¿que si “2001: Una odisea del espacio” realizó la mayor elipsis de la historia del cine superponiendo una nave espacial a un hueso lanzado por los aires, “Los Serrano” logró el más pesado sueño costumbrista de humor castizo de la tele? No: sólo quiere decir que cuando los espectadores despertamos, tras 147 episodios de sopor, el dinosaurio serrano ya no estaba allí. Aleluya.
¿Y ahora? Dicen que los retejadores siempre tienen trabajo porque cuando suben a arreglar un tejado mueven alguna teja para que aparezcan goteras nuevas. Los espectadores no tenemos que tomarnos tantas molestias: las cadenas lo hacen por nosotros. Si el jueves nos despedimos de más de cinco años con el dinosaurio castizo dando vueltas por el salón de casa, ahora llega una oleada de dinosaurios inflados de testosterona, anabolizantes y clenbuterol made in USA.
El “Pressing catch” de Cuatro fue sólo la cabeza de puente de una invasión en toda regla. Gracias a los últimos estrenos del sábado, ese día pudimos ver por la mañana “Pressing catch” en Cuatro, por la tarde “Power catch” en la Sexta, y por la noche “Gladiadores siglo XXI” nuevamente en Cuatro. Ya sabíamos que “En USA no hay gusa”, ahora comprobamos que el auténtico Parque Jurásico no se consigue con ingeniería genética, sino con batidos de hormonas.
domingo 20 de julio de 2008
SI YO FUERA PRESIDENTE
Si yo fuera el jefazo de una cadena de televisión defendería el Código de Autorregulación. Lo habría firmado en diciembre de 2004 para que los espectadores se quedaran tranquilos. Creerían que no hace falta que nadie se ocupe de revisar qué se emite y a qué horas porque los jefazos de las cadenas habríamos dado nuestra palabra de que haríamos bien las cosas. La gente sabe que un jefazo nunca falta a su palabra y mucho menos se arriesgaría a que le pillaran y no le pasara absolutamente nada sólo por un motivo tan tonto como ganar un montón de pasta.
Si yo fuera miembro de una asociación de telespectadores vigilaría el cumplimiento del Código de Autorregulación. Lo habría cuestionado cuando se firmó por ineficaz. Llevaría una contabilidad de las veces que se vulnera y emitiría comunicados cada pocos meses que quedarían muy bien como noticia en los periódicos. Estarían llenos de datos, horas de emisión, nombres de cadenas, programas de televisión y contenidos inadecuados. Así la gente tendría de qué hablar en el improbable caso de que alguien se tomara la molestia de leerlos.
Si yo fuera un crítico de televisión serio y responsable denunciaría la situación. Como repetir lo que nadie quiere saber es tan aburrido como repetir lo que todos sabemos, buscaría una manera de enfocarlo un poco diferente. Diría algo así: es una vergüenza que la Sexta emita los dibujos animados para adultos “El rey de la colina” a las tantas de la noche. Añadiría que todos sabemos que, aunque sean para adultos, los dibujos animados se pueden emitir en horario infantil porque mientras sean dibujos de colores nadie se preocupa de si sus contenidos son adecuados o no para los niños (todos conocemos ejemplos). Es cierto que decir esto no sirve para nada, pero al menos nos permitiría sobrellevar las cosas y nos mantendría entretenidos.
Y si yo fuera presidente, ¡ay, si yo fuera presidente!
sábado 19 de julio de 2008
ÁCAROS EN EL KARAOKE
¿De verdad esto contribuye a que le demos una oportunidad a la paz?
Creer en el progreso humano es tentador: hay un montón de cosas que ahora sabemos y antes no. Sabemos por qué a los pájaros carpintero no les duele la cabeza gracias al estudio de Ivan Schwab y Philip May, de la Universidad de California. Podemos explicar por qué el ruido que hacen las uñas sobre una pizarra es tan molesto al oído humano gracias a Lynn Halpern, Randolph Blake y James Hillengran, de la Universidad Northwestern, en Chicago. Somos capaces de obtener esencia de vainilla del excremento de vaca en una nueva y e inesperada ampliación del refrán “Dios y el cuchu pueden muchu, pero sobre todo el cuchu”. Incluso un equipo de investigadores de Barcelona consiguió demostrar que las ratas no entienden el japonés y el holandés hablados del revés.
Todos los descubrimientos anteriores (y unos cuantos más a cual mejor) han sido reconocidos y premiados con el premio Ig Nobel, algo que los honra a ellos y a los cachondos estudiosos de Harvard que cada año premian los mejores trabajos científicos serios sobre temas que provocan risa. ¿Podemos entonces creer en el progreso humano? Pues no. En 2004 entregaron el premio Ig Nobel de la paz a Diasuke Inoue por un invento que había realizado en 1971: la máquina de karaoke. Sí, vale, está muy bien pretender que la gente se entienda gracias a la música, pero es que entonces no sabían que en unos años iba a ser imposible encender la tele sin encontrarse con un programa “musical” en el que la peña se empecina en demostrar lo guay que es “cantando” ante todo el mundo.
El último en sumarse a la sobredosis “musical” diaria fue Carlos Sobera en La 1 con “Canta! Singstar”. Qué pesadez. ¿No podía haberse conformado Diasuke Inoue con hacer un censo de los ácaros, arañas, crustáceos, bacterias, algas, helechos y hongos que residen en las camas de los seres humanos, como hizo la premio Ig Nobel Johanna van Bronswijk?
viernes 18 de julio de 2008
AUTOLISIS
Hace 40 años, “Disuélvanse” era la consigna de las fuerzas antidisturbios. Hoy es la máxima que guía el mundo audiovisual. Es la autolisis, la autodisolución de los contenidos televisivos.
“Te quiero, pero a trocitos” es la forma en que expresa esta misma idea Manuel Campo Vidal, presidente de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión. Según él, “es la pauta de consumo que los jóvenes de hoy prefieren”. Lo dice en su reciente libro “¿Por qué los españoles comunicamos tan mal?”: ya no triunfan los discursos largos, sino los breves y contundentes. Es algo que ya habíamos comentado a propósito de la multiplicación de los programas de “zapping”. Lo que pasa es que ya no sólo se hacen programas con trozos de otros espacios. Ahora proliferan los hechos con muchas secciones y trocitos especialmente concebidos para ser ensamblados con ritmo y desparpajo. Se consumen con facilidad. Así la peña no se aburre. “El sacapuntas”, estrenado este miércoles por la noche en Antena 3, es el último ejemplo.
“El sacapuntas” es un programa joven. O sea, a trocitos. Mezcla diferentes secciones sin orden ni concierto y cada una parece un miniprograma televisivo de diferente género que se sucede con rapidez y cachondeo. A esto hay que añadir un presentador con desparpajo, colaboradores desenvueltos, colaboradoras pizpiretas, mensajes simpáticos sobreimpresionados en la pantalla, ruiditos pregrabados de acompañamiento y risas enlatadas escandalosas para que los espectadores no se aburran pensando que el público del plató se está aburriendo. Todo muy ágil. Muy rápido. A cucharaditas. Referencias televisivas fácilmente reconocibles: “Dónde estás corazón”, “Sorpresa, ¡sorpresa!”, “Lo que necesitas es amor”. Algún taco para mantener el tono juvenil. Todo disuelto en esa autolisis televisiva capaz de reducir cualquier cosa a papilla. Listo para consumir. ¡Contenidos del mundo audiovisual, disolveos!



